viernes, 29 de abril de 2016

Educación y ciencia para la paz

Como una actividad del Foro Permanente de Ciencia y Educación, el Congreso fue coordinado por el profesor universitario Carlos Alberto Garzón Flórez. Contó con la participación de instituciones como la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, la Comisión de Reconciliación Nacional, el Colegio Máximo de Academias de Colombia, la Red RINDE y las principales asociaciones y gremios de la ciencia y la educación interesados en la construcción colectiva de políticas públicas.
Ciencia y educación son pilares insustituibles del desarrollo y de la paz. Suponen un compromiso del cual dependen el progreso material de cualquier comunidad y el desarrollo espiritual de sus gentes. Una y otra encuentran terreno abonado en el país porque –como lo escribió Gabo en su proclama de la Misión de Sabios- los colombianos tienen un don superior de la inteligencia humana, que es la creatividad, y una aterradora determinación de ascenso personal. Lo que falta es un diseño institucional más apto para estimular esas virtudes y voluntad de concertación por parte del Estado.

El otro pilar es la cultura, entendida como actitud cotidiana capaz de reconocerse en el otro y respetar la diferencia sin perder la propia identidad. Supone la certidumbre de lograr consensos, ampliables a base de deliberación, en medio de una sociedad plural. Las ciencias matemáticas y naturales, las ciencias de la salud, las ciencias sociales, las artes y las letras entrecruzan muchos de sus dictados en un imaginario común que, con el apoyo de una pedagogía colectiva, se proyecta en usos sociales.
En ese ámbito intelectual se movió el Congreso de Ciencia y Educación para el desarrollo y la paz. Parte de sus análisis hunden su raíz en el célebre informe conocido como “Colombia: al filo de la oportunidad” cuyas propuestas –según reiteró en el Congreso el académico Carlos Eduardo Vasco- siguen vigentes esperando ser rescatadas del olvido eterno de los anaqueles oficiales. Pero también se propuso establecer y consolidar un escenario permanente de participación, que mantenga abiertos los vasos comunicantes entre las instituciones y la sociedad civil.
Colombia necesita revisar el sistema de ciencia y tecnología, reconstruir los sistema de educación y de cultura; fortalecer las entidades científicas académicas y profesionales. En torno a esos propósitos debe suscribir un pacto nacional que recupere la mirada del país sobre sí mismo. Sin perjuicio de la conciencia global, no puede seguir privilegiando las recomendaciones de expertos extranjeros sobre la inteligencia nacional para gobernar el presente y prospectar el futuro. Mientras no se modifique esa nociva tendencia, seguiremos creciendo con el centro de gravedad situado afuera.
El Colegio Máximo de Academias, que preside el académico Enrique Forero, presidente también de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, comprometió al Colegio Máximo en el liderazgo de ese pacto nacional, cuyo proceso de construcción requerirá la presencia de los sectores vitales de la sociedad civil y, por supuesto, de la provincia colombiana. Es un pacto nacional y no de un pacto de cúpulas.

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