viernes, 29 de abril de 2016

LA BARONESA DEL CIRCO ATAYDE: LA VOZ DEL SILENCIO QUE SE LEVANTA CADA VEZ MÁS FUERTE…

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Novela: II Volúmen de El Quinteto de la frágil memoria
Cangrejo Editores: Primera Edición: Bogotá, abril de 2015, 246 pp.
Por: Luis Carlos Muñoz Sarmiento* – Especial para El Magazín de El Espectador
 Al igual que en El pianista que llegó de Hamburgo, a través del personaje, alemán, Joachim Hendrik Pfalzgraf, en La baronesa del Circo Atayde, se asiste a la narración de una crónica-histórica (en el primer caso, abierta; en el segundo, íntima), contada por un narrador omnisciente y por dos románticos de distinto tenor, a un melodrama, con visos de ópera y opereta y trasfondo de violencia: algo que hasta ahora, en el contexto general del país, no se puede refutar ni, mucho menos, remediar, aun con las esperanzas puestas en los diálogos de La Habana. No es, por demás, nada gratuito que ya desde el título, su autor, Jorge E. Pardo, introduzca al lector en terrenos de lo que históricamente se conoce como “Pan y Circo” y esto se dice, claro, desde una lectura particular pero no obvia ni irrelevante. El pan se da a través de la escandalosa e histórica cifra de políticos corruptos (una suerte de pleonasmo, al menos aquí, en México y en la Argentina de Macri) que han desvirtuado el arte de la política y lo han reducido a la más primaria y reptiliana de las actividades, así como a través de la insufrible red de contratistas que compran votos y a los que se les compra el suyo y luego se les cambia por más contratos. El circo es “Atayde, el grupo trashumante de artistas de la carpa, que venía de Argentina” (p. 14), aunque sus dueños sean mexicanos: allí se presenta todo tipo de actos, desde los más elevados y artísticos, hasta los más pedestres y bestiales, es decir, propios de asesinos. En un país, Colombia, en el que el crimen anda agazapado a la sombra del secreto (“a la sombra del secreto no trabaja sino el crimen”, p. 220, se dice en la novela) y, al mismo tiempo, el crimen se consuma a plena luz y en el que la falsa historia la han escrito siempre los ganadores y los poderosos y la verdadera historia la han dejado de contar los vencidos y los supuestos débiles. En la novela, el narrador omnisciente dice de Carlos A. Aguirre: “Él sabía que la falsa historia la escribían los vencedores, la verdadera la contaban los derrotados” (p. 127).
En efecto, La baronesa del Circo Atayde, describe la relación de amor entre Carlos Arturo Aguirre y María Rebeca Pérez: el primero, un hombre orgulloso de ser carpintero, masón y comunista, lo que desde entonces y hasta ahora representa una carga inconsciente sobre la conciencia, un fardo existencial innegable: para los sectarios; la segunda, una mujer independiente, a la que sólo le interesa el ahora y escoger bien al padre de sus hijos, capaz de ser y de ir libre por el mundo. Carlos Arturo, perteneciente al gremio de los artesanos, a una secta que pregona la libertad de culto, en fin, a una tendencia política proscrita a lo largo y ancho de la historia, por la decisión unilateral del país que a partir de la Doctrina Monroe (1823) quiso ser un continente, luego el mundo y ahora Mr. Universe, con la rodilla en tierra del resto del planeta. María Rebeca, la Baronesa de un circo que igual podría llamarseColombia, en lugar del mexicano Atayde, pero que desde distintas orillas tienen tanto en común: razón por la que, coloquialmente, se dice que aquí la clase baja quiere ser mexicana, la media, gringa, y la alta, inglesa, esto es, un país en el que al parecer no hay colombianos. Y eso para no hablar desde la incómoda posición de no tener historia ni, por ende, identidad.
Una historia que no ha sido justa ni sensata
 En contraste con lo anterior, por fortuna, esta es parte de la tarea que a partir del primer tomo de El Quinteto de la frágil memoriaEl pianista que llegó de Hamburgo, se propuso Pardo, reconocer al país y a sus habitantes desde la mirada a veces más certera de un extranjero, y que continúa en el segundo, La baronesa del Circo Atayde, ya no desde una supuesta o real mirada euro centrista y antropocéntrica, de un alemán, por suerte romántico, que huye del régimen nazi, sino desde la mirada amorosa, también romántica, nacionalista, si se quiere, de dos seres que, desde distinta orilla, encarnan y/o representan lo mejor o por lo menos lo más deseado de una idiosincrasia ética por honesta, trabajadora por responsable, arriesgada por comprometida. Aquella que labora desde el anonimato por cambiar un país y que lucha con denuedo, así se la invisibilice o ignore, para tratar de revertir una anómala situación, ya hecha costumbre, según la cual la traición es la única ave, de mal agüero, que vuela por los siniestros corredores del poder y las elecciones son el resultado de un fusil puesto en la cabeza del incauto o de un almuerzo lanzado a las manos del hambriento o de unas tejas y un cemento depositados en zonas de paramilitares, todos ellos elegidos a la hora de ser votantes y luego ignorados a la hora de ser ciudadanos, trátese de campesinos, de negros o de indios: es decir, seres sin perspectiva alguna de cambio en sus vidas ahora miserables.
En los 47 capítulos, cada uno de ellos breve, Pardo expone la historia de un país que, desde la perspectiva y sobre todo el accionar de sus dirigentes, no ha sido justa ni sensata con las clases menos favorecidas ni con las disidentes, antagonistas u opuestas a sus (malos) designios, salvo, eso sí, con las clases pudientes, poderosas, privilegiadas: “Carlos Arturo se dio cuenta de que únicamente los ricos tenían garantías” (p. 80). Desde el sueño inconcluso del general Uribe Uribe y “la última guerra civil”, la de los Mil Días (1899-1902); el homicidio premeditado del abogado de los artesanos, José Armando Russi, quien de mensajero de cartas de amor pasó a ser fusilado (pp. 41-45); el caso de José María Obando, ex presidente (1853-54), primero santanderista y luego liberal draconiano, acusado del asesinato, nunca probado claro, del Mariscal Sucre; la llegada al país, en 1823 para asesorar a Pedro Nel Ospina, de la Misión Económica del Doctor Dinero Edwin W. Kemmerer, eufemismo para que los estadounidenses “repartieran los millones por la venta de Panamá y distribuyeran el patrimonio de la expropiación” (p. 49) y por cuya gestión se crearon la Contraloría General y el Banco de la República; el borracho asesinado, que resultó luego muerto de pulmonía, por el general José María Melo, quien había ofrecido el poder dictatorial al Tigre de Berruecos y quien de Bogotá pasó a vivir en Ibagué para alternar su actividad de comerciante con la de docente (p. 54); el auge y la caída de la Flor del Trabajo, María Cano, la primera mujer líder política en Colombia, mujer socialista con ideas propias en una organización revolucionaria apenas gestándose, que a finales de los años 20 e inicios de los 30 más luchó por la igualdad laboral en defensa de las mujeres y de las obreras, en un medio machista y antropocéntrico, y por las ocho horas de trabajo, ocho de estudio y ocho de descanso; la lucha sindicalista de Mahecha, su posterior ida al exilio, su ocaso como quiromante en el barrio Olaya de Bogotá y su final anticipado por él mismo: “… y se dedicó a leer la palma de la mano adivinando en su derecha que fallecería a los 56 años, de muerte natural, luego de muchos atentados a bala” (p. 73).
 De la Masacre de las Bananeras a la satanización del liberalismo
 Desde la tristemente célebre Masacre de las Bananeras, antesala de la actual violencia y comienzo del fin de Gaitán, por defender a los trabajadores que la United Fruit Company o La Compañía, como ya en La casa grande (1962) la llama Álvaro Cepeda, nunca aceptó como tales: “No importaban los muertos del general Cortés Vargas, ellos pedían ser reconocidos como empleados de la Compañía [la UFC] y no como simples contratistas para evadir las obligaciones, decía Carlos Arturo a los que él llamaba de la base, cuando ponían el tema en las reuniones del Partido [PCC]” (p. 83); la acusación del senado a Obando, a causa del golpe de Melo, por traición a la patria y su expulsión del gobierno y del país; el sometimiento o, si se prefiere, la absorción, en los años 30, del Partido Socialista Revolucionario (PSR) por el Partido Comunista Colombiano, que Pardo, en gesto noble, llama “acuerdo” (p. 81): “Con las derrotas del socialismo en la huelga de las bananeras a fines de 1928, en la fallida insurrección de junio del año siguiente y en la pírrica participación en las elecciones presidenciales de inicios de 1930, se impuso la autocrítica en el seno de la organización revolucionaria. María Cano, junto con Tomás Uribe e Ignacio Torres Giraldo […] fueron víctimas de la purga interna. El naciente Partido Comunista los marginó bajo la acusación de ‘putchistas’ y ‘aventureros’”. (Revista Semana, La flor rebelde, Mauricio Archila) (1); el fusilamiento del Ciudadano General y eterno rebelde, tras la celada del 1º de junio de 1860 (p. 86), José María Melo, quien sostenía que las constituciones políticas del hemisferio no eran más que letra muerta: “… y como el libertador Bolívar, pensaré que las constituciones políticas en Sur América, no han dejado de ser simples cuadernos” (p. 68).
Desde las leyes de poca monta que eran aprobadas por el Congreso, como la creación del Día de la Paz, el 21 de noviembre, en un país de guerra perpetua, por la efemérides de la Guerra de los Mil Días (p. 81): un verdadero exabrupto; los esquiroles o rompe-huelgas que desde los años 30, los de Olaya Herrera y los de López Pumarejo también en los 40, vendían a los movimientos sindicales: a cuyos líderes, por contraste, y aunque no se diga en la obra de Pardo, hoy continúan matando como parte del Terrorismo de Estado, con ayuda paramilitar, y no propiamente por traidores a su clase; los humanos que, sabiéndose hechos del mismo barro, creen poder dominar a otros, por una visión machista ancestral, mientras la mujer siempre es capaz de proclamar la igualdad, quizás no sólo sexual, más bien vital, íntegra: “Yo soy, yo soy, en ti estoy… soy tu igual” (p. 91); la articulación periódica de los personajes de una y otra novela, El pianista que llegó de Hamburgo La baronesa del Circo Atayde, para mostrar detrás de sus vidas el devenir, antes que el desarrollo, de un país (p. 97); la controvertida figura del general Tomás Cipriano de Mosquera, el Mascachochas, por mordedor de chochas o moneditas, a raíz de un balazo que recibió en el maxilar, y no por otra cosa, varias veces presidente, buscador de empréstitos en Europa, como tantos otros ayer y hoy también en EE.UU, que a mitad de su cuarto gobierno se proclamó dictador y que a sus 78 años perdió la prudencia, lo que llevó a que los liberales fueran satanizados: “En Palacio gritaban a sus subalternos que el católico no puede ser republicano. Sus enemigos contestaron que el que es liberal no puede ser católico. Desde entonces el estigma satánico de ser liberal y católico se propagó, sirvió de escudo en los púlpitos y de justificación de asesinatos sin pecado.” (p. 100); los Generales que se turnaban en la presidencia, mientras la mujer de Saúl Aguirre huía con un comerciante deslumbrada, tal vez como pretexto, por la revolución de las máquinas industriales, y los dueños del poder se perdonaban entre sí en un hecho que indignaba a las familias por la traición de sus falsos héroes: “Saúl […] veía crecer su familia mientras los Generales se turnaban el ejercicio de la presidencia; … cuando [Saúl] logró salir en astral […] tenía cinco hijos y su mujer se marchó con un comerciante de telas que pasó por su taller hablando de la revolución de las máquinas industriales. […] Fue el mismo año en que el General Mosquera, por el que se jugaron la vida muchos de sus amigos, regalaba al general Santos Acosta, que [sic] lo depuso y lo desterró, la espada que lo acompañó en tantas victorias.” (p. 103).
Recogiendo alhajas y limosnas para hacer la guerra
Desde la conspiración del borracho José Manuel Marroquín a Manuel Antonio Sanclemente, en quien éste había delegado sus funciones y la posterior entrega de Panamá por el autor de La perrilla, Marroquín, quien cuando fue vituperado por el hecho, respondió alcohólico-cacofónico: “¿Y qué más quieren? Me entregaron una república y yo les entrego dos.” (Wikipedia) (2); la reconstrucción del pasado, por parte de Carlos Arturo y María Rebeca, para revivirlo, con base en las sensaciones olfativas de las flores y el agua de colonia y cuyos olores hacían parte del goce cuando jugaban a no dejarse nunca, cosa que no se atrevieron a confesar (p. 108); las diferentes batallas de la Guerra de los Mil Días, como Peralonso, Palonegro (citada en la novela “Palo Negro”, p. 112), La Rusia, en las que, como cuando se trata de votar, nadie sabe por quién lo hace y, en este caso, “la mayoría, sin saber la verdad de la contienda” (p. 112); las torturas, una práctica que no se acaba, llevadas a cabo por el jefe de policía Aristides Fernández, como gobernador de Cundinamarca, en el antiguo Panóptico, hoy Museo Nacional, en una especie de vuelta de tuerca, ya no literaria, para pasar olímpicamente del horror al arte: “Implantó atroces sistemas de tortura en el Panóptico, aplicados a más de cinco mil presos políticos durante los tres años de la conflagración.” (p. 114); el deseo de Marroquín de entregar la zona de Panamá, para la construcción del canal, a los gringos con el objeto de obtener un soborno para acabar con el conflicto interno: “Marroquín quería entregar a los norteamericanos la franja del Istmo de Panamá para construir el canal, a cambio de una compensación económica que destinaría a financiar los gastos militares necesarios para sofocar de manera definitiva la rebelión interna.” (p. 115); la historia del obispo español, hoy beato Ezequiel Moreno, “enemigo y perseguidor de los liberales”, quien pregonaba que “ser liberal era pecado, que el ejército de Jesucristo derrotaría a los blasfemos” (p. 116), similar a la del beato Miguel Ángel Builes, a quien se cita en una novela que no figura en el canon de la literatura colombiana, teniendo méritos de sobra, Marea de ratas (1960), de Arturo Echeverri: dice el Capitán que en Los Andes o Andes, tierra de Gonzalo Arango en Antioquia, “un jerarca de santidad reconocida bendecía mi fusil antes de cada acción.” (1994: 216) (3).
 La guerra civil como forma de suicidio colectivo
En fin, desde el llamado a los hombres a la guerra para luego regresar desechos, mutilados, escindidos, traumatizados, resentidos y con ánimos de venganza y “otros envueltos en banderas o en pequeños cofres húmedos” (p. 119) y ahora, en el colmo de la ignominia y el desprecio por la vida humana, en vulgares bolsas plásticas negras (sobre todo cuando se trata de guerrilleros o, lo que no es igual, de “guerrilleros muertos en combate”, por lo general civiles acusados de tales y asesinados extra judicialmente, lo que se conoce con el eufemismo de falsos positivos, por los cuales aún nadie responde) como si se tratara de simple basura para botar en La Escombrera, pasando por la posibilidad de abrir cupos para las mujeres en la Universidad (“Nada mejor que un país para ellas, reafirmaba [Carlos Arturo] con la certeza de que las alianzas entre trabajadores y gobierno serían para asegurar el futuro. La esperanza, siempre la esperanza”, p. 125), hasta la Guerra contra el Perú que se hizo comprando una flotilla de barcos viejos en Europa por iniciativa de Alfredo Vásquez Cobo; pidiéndole un préstamo de 500.000 dólares a los gringos por cuenta de Olaya Herrera a cambio de darle todas las garantías y exenciones de impuestos a la United Fruit Company para su operación en la Zona Bananera, lo que al filo del tiempo trajo como resultado la Masacre del 6 de diciembre de 1928, que no sólo ocasionó la pérdida de incalculables vidas humanas sino el futuro sometimiento del país, el comienzo del fin de Gaitán, la generalización de la Violencia, la persecución de todo lo que signifique o pueda significar izquierda o comunismo, así como el saqueo de sus riquezas y de sus recursos; y. como se dice en la obra de Pardo, recogiendo alhajas entre las esposas de los ricos y anillos de boda de los políticos “para fundirlas en un solo bloque que pesó cuatrocientos kilos de oro puro para financiar la guerra.” (p 132). De ahí en adelante en la novela, todo es despojo, saqueo, horror, enfermedad y muerte, una sucesión de guerras internas y conflictos que los distintos gobiernos sucesivos jamás reconocieron como tales, sabiendo, quizás, que como dice el abuelo Saúl Aguirre: “Una guerra civil es, de muchas formas, un suicidio colectivo” (p. 137). Vienen luego, ya para terminar, la desaparición, primero, de María Rebeca, en medio de sucesivas e imaginarias muertes —pues no se sabe con certeza de su deceso ni del lugar donde pudo o puede haber ocurrido, si Colombia o México, sino sólo de su nacimiento en 1900—, como la ocurrida en el circo. ¿La causa? “Un cuchillo, lanzado por un celoso de su voluptuosidad, se clavó en su pecho mientras la rueda giraba y el despreciado impulsaba sus aceros contra la madera. La sangre de La Baronesa […] empapó la arenilla y el público la aclamó, festejó el número mientras, arrastrada hacia el camerino, con sus lentejuelas fisuradas, extraían el arma que penetró hasta la empuñadura” y cuyo lanzador “se entregó a las autoridades y fue condenado a cadena perpetua y apareció degollado en su celda solitaria.” (p. 141); luego, la del abuelo Saúl, enfermo de la gripa española, pensando en ascender al Oriente gracias a la caja que hizo (el ataúd de Russi) “con las manos de la inocencia y la esperanza del porvenir” (p. 147) y cansado de pensar en la eterna posibilidad de lograr la paz, no sin antes señalarle a su hijo que ahí en el escaparate estaban los libros, “lo que verdaderamente debía leer, que El Tiempo El Espectador eran de los ricos y lo que decían sus páginas estaba al servicio de sus intereses.” (p. 146); y, claro, la de Carlos Arturo, quien ya desecho por la ruina económica y socio-política de un país que aún no aprende de su historia, sus derrotas ni sus errores, afectado por el extravío existencial y emocional, delirante entre aguardiente y vodka, oyendo boleros, rancheras, tangos, sabiendo que un hombre no debe llorar y que el tango es como La Comedia Humana, muere de leucemia viendo los restos del retrato despedazado de su heroína en el inodoro, pero antes exhala el último suspiro “de su brújula del amor para que ella fuera nube” (p. 241). Al final, supo Matilde, su padre tenía razón: “todas sus muertes habían muerto. El cielo azul no tenía nubes.” (p. 244).
 La desgracia, habitual compañera de la Historia
Los hechos anteriores ofrecen un panorama desolador de un país al que terca y tontamente se le sigue designando como el segundo más feliz de la tierra, uno donde la historia es una de las más trágicas. “La historia y la felicidad rara vez coinciden”, escribió Nietzsche y esto es no sólo cierto sino demostrable en La baronesa del Circo Atayde, novela que recuerda que es la desgracia, más bien, la habitual compañera de la historia: sin la cual, a propósito, no hay novela. En su libro En esto creo, Carlos Fuentes sostiene: “No hay novela sin historia. Pero la novela, introduciéndonos en la historia, también nos permite buscar el camino fuera de la historia a fin de ver claramente a la historia y ser, auténticamente, históricos. Estar inmersos en la historia, perdidos en sus laberintos sin reconocer las salidas es, simplemente, ser víctimas de la historia.” (Seix Barral, 2002: 203). Y Pardo nos introduce en la historia del país a través de dos personajes de sexo opuesto, una rara pareja libertaria con búsquedas complementarias más que opuestas, para buscar el camino fuera de la historia oficial y, no pocas veces, en forma paralela pero para desmentirla, cuestionarla, descomponerla, con el objetivo de que podamos reconocernos en ella y a nosotros mismos a ver si, por fin, podemos ser no solo auténticamente históricos sino trascender hacia el encuentro de la identidad, para dejar de ser víctimas de la historia. Esto es, pasar de ser objetos pasivos a sujetos activos de la historia, capaces de reconocer salidas colectivas a través de la construcción de puentes comunes y no basados en el ego, la vanidad, el éxito. Puentes como los que intenta erigir Carlos Arturo Aguirre desde la Sociedad de Artesanos, la masonería, el Partido Comunista o María Rebeca Pérez desde su posición de artista circense, de mujer autónoma e independiente, de madre de la bailarina Sofía y de Matilde, muerta muy joven, a quienes siempre les inculcó el amor por el arte y no por el oropel material o la duración engañosa de la fama, esos 15 minutos de los que habló Andy Warhol pero que hoy son sólo segundos. No obstante los esfuerzos del autor por presentar un mundo lo menos desastroso posible, la lectura de La baronesa del Circo Ataydedeja al final el sabor amargo de una experiencia literaria, aun así generosa: amargo, obvio, no por esta, la experiencia literaria, sino por los desajustes, los desequilibrios, las mentiras que hacen parte del mapa cotidiano socio-político de un país dependiente de una potencia que no requiere nombrarse por evidente y menos cuando se sepa que tiene diez bases militares en suelo colombiano y que, además, es el promulgador oficial-clandestino del pretexto original que impulsa a los paramilitares en el país: destruir a los simpatizantes del comunismo. En la historia que a partir de un robo Saúl Aguirre relató a su hijo Carlos Arturo, no sólo hablaba de su participación en las guerras, en las muchas guerras civiles que Colombia tuvo en apenas el siglo XIX (se habla de nueve) sino que, mediante caricaturizaciones, “demostraba cómo se atornillaba y desatornillaba el poder desde la traición y cómo la política en Colombia era el resultado no solo de las armas sino de las argucias” (p. 20). Un balance somero, a vuelo de pájaro(s), deja las siguientes nueve guerras civiles: 1. Guerra Civil Centralistas vs. Federalistas (1812-15); 2. Guerra de los Supremos (1839-41); 3. Guerra Civil 1851; 4. 1854; 5. 1860-62; 6. 1876-77; 7. 1884-85; 8. 1895; 9. Guerra de los Tres Años o de los Mil Días (1899-1902). Balance tan espeluznante como problemático, siempre invisibilizado por los gobiernos como quien intenta tranquilizar a la población o llama a la Ley del Silencio.
En tal sentido, el escritor Mílan Kúndera (así se pronuncia) recuerda que la novela es una perpetua re-definición del ser humano como problema. Al respecto Carlos Fuentes anota: “Todo ello implica que la novela se formule a sí misma como incesante conflicto de lo que aún no se ha revelado, recuerdo de cuanto ha sido olvidado, voz del silencio y alas para el deseo de cuanto ha sido rebajado por la injusticia, la indiferencia, el prejuicio, la ignorancia, el odio o el miedo.” (2002: 205). Y esto parece tenerlo muy en cuenta Pardo en La baronesa del Circo Atayde. Su novela revela muchas nuevas cosas sobre el conflicto incesante que ha sumido a Colombia durante casi todo el periodo republicano, con algunos baches de paz; recuerda otras tantas que han sido olvidadas, que el Establecimiento mismo pretende olvidarlas, como quien busca hacer pasar un vendaval por una ventisca. Su novela es también voz del silencio que grita sordamente reconociendo los errores de un pasado cuyas cabezas del terror y de la corrupción se reproducen como las de la hidra. Y alas para el deseo de todo aquello rebajado por la injusticia, la desidia, la intolerancia, en fin, de todo aquello a lo que no presta atención el oído (anagrama de odio) a quien desde su orilla de la marginalidad grita ¡oídme! (anagrama de miedo), siendo apenas víctima del odio y sin haber sido escuchado: al que apenas se le deja hablar para estigmatizarlo, para condenarlo o para matarlo.
“La memoria es el único tribunal incorruptible”
Por todo esto, en conclusión, duele y es amargo el sabor que dejan las 47 historias que cuenta La baronesa del Circo Atayde, así sea al calor de una cerveza, un aguardiente, un vino, un brandy o un vodka, mientras suenan esta vez ritmos populares, mucho más que en El pianista que llegó de Hamburgo que se inclina hacia el clasicismo romántico de Brahms, Beethoven y compañía, como el bolero, la ranchera, el tango y uno que otro exponente de la llamada música clásica, como Tchaikovski por ejemplo, para detrás de toda esa conjunción sonora mostrar las pasiones altas y bajas de un pueblo que si quiere transformarse debe verse a sí mismo y al resto del mundo como proyecto inacabado, seres humanos permanentemente incompletos y voces que no se sientan, nunca, diciendo la última palabra. Si quiere transformarse debe articular sin descanso una tradición y promover la posibilidad de ser hombres y mujeres que no sólo están en la historia sino que hacen la historia, su propia historia. Un mundo en vertiginoso cambio propone redefinirse de forma permanente como seres problemáticos, no sin conflictos sino resueltos a interpretarlos y luego a resolverlos o, por lo menos, a intentarlo, pero nunca como portadores de verdades reveladas, de respuestas dogmáticas o de asuntos finiquitados, de realidades concluidas. Lo que se evidencia en La baronesa del Circo Atayde a través de una estructura literaria construida minuciosamente, con un rigor que anima a leer y cómo no a escribir, sin pensar en la novela como guion de cine, y con una desbordante imaginación y una concentrada memoria, como quien recuerda al Giardinelli de Santo oficio de la memoria, quien a través no de un hombre sino de una mujer, la abuela Sebastiana, lega a la historia una frase capital: “La memoria es el único tribunal incorruptible” (Seix Barral, 2000: 380): llamado a la responsabilidad histórica y tácito desacato a los desafueros del Poder, a la extralimitación de quienes se creen Mesías, a la perversión de los que sin decirlo quieren un paisaje de sólo oprimidos. Esto se puede inferir de la propia experiencia vital y artística de Carlos Arturo y de María Rebeca, personajes representados más desde lo vital, la vista (observar), el gusto y el olfato (sabores y aromas), el tacto (contacto con la piel, lo más profundo), que desde una óptica psicológica (introspección, monólogo interior o torrente de conciencia), seres humanos que proponen la posibilidad de una imaginación verbal como realidad no menos real que la historia misma, que anuncian desde la escritura del texto un mundo nuevo, inevitable e inminente que se opone a otro caduco, pervertido, desvirtuado, como quienes saben, por vía del autor, que después de la terrible guerra dogmática, inoculada en el pueblo por vía del imperialismo europeo, inglés y español, y del gringo, la historia se ha convertido en una posibilidad, nunca más en una certeza. Ambos creían conocer el mundo, ambos deben, antes de que empiecen a ver las flores desde la raíz, imaginarlo ahora para el lector, en un gesto de generosidad compartida con el autor.
Una voz, ya no sorda, que se levanta
Hombres y mujeres, los de Pardo en su novela, que lejos de los reflectores de la farándula, las charreteras de la autoridad, las marionetas del Poder, las maquinarias de la burocracia, son los que han ayudado, desde el anonimato, a construir un país menos desigual, más justo “tantito así” (Che decía que no cabría confiar en los gringos “ni tantito así”), menos dependiente y ojalá más democrático. De vez en cuando viene bien contar la historia desde los derrotados, ofendidos y humillados, no para satisfacer a la galería, sino con un fin harto más noble y un compromiso tanto menos obligatorio: hacer de la novela el derecho de criticar al mundo pero antes mostrando capacidad para criticarse a sí misma. Sólo así se revela la labor del artista y, ante todo, del arte, tanto como la dimensión social y, por qué no, socializante de una obra. Socializante, involuntaria, eso sí, sin obedecer a intenciones, nada más produciendo resultados y tan cercana a la emoción antes que a la coherencia que es lo que de forma natural pretende el arte. O, mejor dicho, es el arte: emoción antes que coherencia. Al cabo, obedece más a los abismos y demonios del artista que a su lógica o a su razón: estas, las que dan orden y sentido, para el lector, a un discurso de por sí confuso, caótico, indescifrable pero que, paradójicamente, con sólo mostrar una aldea puede ofrecernos un mundo quizás no agradable, más bien amargo, en todo caso más humano. Un mundo en el que la voz del silencio, ya no sorda, se levanta cada vez más fuerte…

EL OSO DE AGUA ES EL ANIMAL MÁS RESISTENTE DEL PLANETA

Fotografía: medciencia.com










No hay rincón del planeta donde no podamos encontrarlo. En aguas dulces o saladas, en las profundidades abisales del océano o sobre las superficies de concreto, en la arena de las playas o en los altos riscos de las cumbres más empinadas, en el calor abrasante de los desiertos o en los congelados témpanos de hielo, en las selvas y bosques y en nuestro jardín.
Resistentes al agua, aire o vacío. Abundan en los helechos, el musgo y el liquen. Los más grandes pueden ser vistos a simple vista, pero en general hablamos de un ser microscópico. Ovalados, simétricos, con forma alargada y de aspecto frágil, vientre aplanado y dorso convexo, sus cuatro pares de patas no evitan que se desplace con insoportable lentitud.
El animal más resistente carece de aparato respiratorio, circulatorio y excretor. Puede sumergirse en alcohol puro o en éter, soportar altas temperaturas que superan los 150 grados centígrados y sobrevivir también a condiciones extremas de frío. Resistiendo casi el cero absoluto, su cuerpo se retrae y anula todos sus sistemas, sumergiéndose en un proceso de animación suspendida o un estado de deshidratación prolongada, perdiendo hasta el 99% del agua de su cuerpo. Cuando las condiciones mejoran, y así no más, su espíritu se reanima. Se cuenta de algunos líquenes olvidados durante más de cien años, y a los que le bastó con unas gotas de agua para reavivar los ositos que hibernaban en él.
Pueden ser expuestos a una radiación que supera mil veces la que nosotros podríamos tolerar, resisten a altas presiones atmosféricas e incluso sobreviven al espacio exterior, manteniendo su capacidad reproductiva, por lo que lo convierte en un superviviente casi indestructible.
Que la resistencia de este animal sirva como una metáfora de nuestra propia resistencia acuática. Que a todo, también, sobreviva nuestra causa.


LA ALIMENTACIÓN ESCOLAR ES RESPONSABILIDAD DE TODOS

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Con los recientes descubrimientos sobre el mal uso de los recursos destinados al Programa de Alimentación Escolar -PAE-, surge la necesidad de analizar cuáles son los objetivos del Estado en materia de educación y alimentación escolar, cómo funciona el PAE y quiénes son los responsables de la alimentación de los niños, niñas y adolescentes estudiantes del  país.
El Gobierno Nacional se fijó como meta implementar la jornada única en todo el país a más tardar en el año 2025 para zonas urbanas y 2030 para zonas rurales. También adaptó los lineamientos de los PAE para lograr una cobertura del 100% de la población estudiantil.
En el caso de los programas de alimentación, el aseguramiento de la cobertura completa de los estudiantes depende del presupuesto disponible, ya que la mismaLey 1176 de 2007 establece que “[...] En ningún caso podrá haber ampliación de coberturas mientras no se garantice la continuidad de los recursos destinados a financiar dicha ampliación”.
Los balances presentados recientemente por el Ministerio de Educación Nacional reflejan problemas presupuestales luego de la disminución de la partida en casi 200.000 millones de pesos, y problemas de corrupción y desviación de recursos, lo que genera el interrogante de ¿cómo lograr los objetivos propuestos por el Gobierno para la educación si no hay recursos suficientes y los que existen no se destinan correctamente?
Considerando que, según la Resolución 16432 de 2015 del Ministerio de Educación Nacional, el objetivo del Programa de Alimentación Escolar -PAE- es “[…] contribuir al acceso con permanencia escolar de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, registrados en la matrícula oficial, fomentando hábitos alimentarios saludables, a través del suministro de un complemento alimentario …”, es pertinente resaltar que este proyecto es un apoyo a las familias que por diferentes razones no pueden asegurar una alimentación balanceada para sus hijos durante las jornadas estudiantiles.
La Ley 1098 de 2006 -Código de Infancia y Adolescencia- establece, en relación con el concepto de corresponsabilidad para garantizar el ejercicio de los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes, que “[…] La familia, la sociedad y el Estado son corresponsables en su atención, cuidado y protección.[…]” , por lo tanto, si bien el Estado debe ser garante de los derechos a la educación y a una alimentación sana, no puede asumir la carga completa. La familia debe ser la primera en procurar una correcta nutrición para los estudiantes y junto con la sociedad velar por el debido uso de los recursos destinados por el Estado para estos programas complementarios.
Con el apoyo de la familia y la participación activa de la sociedad, al Estado le queda la tarea de vigilar juiciosamente que los recursos que se destinan para llevar a cabo estas políticas se materialicen en un complemento alimentario sano, en cantidades razonables y de buena calidad.
Si el Gobierno Nacional logra erradicar los problemas de corrupción alrededor de los Programas de Alimentación Escolar y trabaja armónicamente con la familia y la sociedad en defensa de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, próximamente el 51% de la población estudiantil y las 11 entidades territoriales que a la fecha -según la Procuradora Delegada de la Infancia- no tienen cobertura de este programa podrán gozar de sus beneficios y hacer efectivos sus derechos.

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Respuesta del día: 27 de abril de 2015


El Código Sustantivo del Trabajo indica que el periodo de prueba es “[…] la etapa inicial del contrato de trabajo que tiene por objeto, por parte del empleador, apreciar las aptitudes del trabajador, y por parte de éste, la conveniencia de las condiciones del trabajo”, y establece las siguientes reglas para su aplicación dependiendo del tipo de contrato:
  • En contratos laborales a término definido el periodo de prueba no puede superar la quinta parte de la duración del contrato hasta un máximo de 60 días.
  • En contratos laborales a término indefinido puede tener una duración de 1 a 60 días.
  • Para el servicio doméstico, al tener su propio régimen, se entiende como periodo de prueba los primeros 15 días de labor.
  • En los contratos verbales no es posible establecer un periodo de prueba, ya que este debe estar consignado por escrito.
Es importante resaltar que cuando se presenten contratos de trabajo sucesivos o prórrogas, no se podrá establecer el periodo de prueba sino por el primer contrato. Además, este término puede ser prorrogado siempre y cuando no se excedan los máximos descritos anteriormente.

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Oportunidades del derecho


House of paper in hand
El programa de vivienda “Mi casa ya” tiene como objetivo otorgar subsidios familiares de vivienda a hogares con ingresos totales que estén entre 2 y 4 salarios mínimos legales vigentes, que no sean propietarios de una vivienda en el país y que no hayan sido beneficiarios de un subsidio familiar de vivienda otorgado por una Caja de Compensación Familiar.
El valor de los subsidios para la adquisición de vivienda de interés social urbana nueva que Fonvivienda asigne, dependerá de los ingresos del hogar y se otorgarán por 12 meses de la siguiente manera:
  • A los hogares con ingresos superiores a 2 smmlv y hasta 3 smmlv, se les podrá asignar un subsidio por un monto equivalente a 20 smmlv.
  • A los hogares con ingresos superiores a 3 smmlv y hasta 4 smmlv, se les podrá asignar un subsidio hasta 12 smmlv.
El Decreto 428 de 2015 establece el procedimiento para la asignación del subsidio otorgado en el marco del programa, que se podrá iniciar luego de recibir la aprobación de un crédito de vivienda y antes de que la entidad otorgante dé inicio al proceso de estructuración.

30 COSAS QUE DEBERÍAS HACER ANTES DE LOS TREINTA…

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“Los 30 son una edad dorada, son la puerta a la adultez, en donde se deja atrás un sin fin de experiencias y se comienza a ver el mundo con ojos de madurez. Cuenta la leyenda que a partir de esta edad, los años comienzan a pasar factura…”
Los 30 son una edad en la que no se es lo suficientemente mayor para considerarse un adulto, ni lo suficientemente menor para ser considerado un adolescente. Al mismo tiempo es una edad de transición o quiebre, en donde podemos darnos cuenta si hemos alcanzado lo que queremos o chocar contra el mundo al sentir que no hemos logrado o hecho cosas significativas en nuestra vida. Justo allí es cuando quisiéramos devolver el tiempo, pero lastimosamente el tiempo que se va, no vuelve.
Es ley de la vida que cuando niños añoramos ser adultos. También que los años pasen en un abrir y cerrar de ojos. En el transcurrir de nuestra vida podemos darle prioridad a muchas cosas, a tal punto de que se nos olvida darnos prioridad a nosotros mismos. Quizás ahora nos sintamos jóvenes, pero los 30 pueden estar a la vuelta de la esquina.
Por lo anterior te invito a preguntarte:
¿Qué tantas cosas significativas he hecho hasta el momento en mi vida?
¿He tenido experiencias que valdrían la pena contar?
¿Qué ha sido lo más loco que he hecho hasta el momento en mi vida?
¿Cuando llegue a los treinta años me sentiré satisfecho/a conmigo mismo/a?
Las respuestas a lo anterior podrían ser cosas simples, alocadas, salidas de la rutina e inclusive hasta peligrosas. Cosas que te harían vibrar de emociones e incluso darle un giro a tu forma de pensar, actuar o de ser. Cosas que te harán sentir pleno.
Para que no te rajes la cabeza pensando cuáles son esas cosas que deberías hacer antes de los treinta, hoy en “Un Blog para Colorear”  te las comparto; aclaro, no todas son obligatorias, algunas podrían incluso herir susceptibilidades:
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1. Aprender otro Idioma: Quizás ya muchos por cosas de la vida manejamos un segundo idioma como el inglés. ¿Pero qué te parece si aprendes otro adicional? Tal vez Francés, Portugués o Italiano. ¿Sabías que conforme aprendes un nuevo idioma, sube tu coeficiente intelectual?
2Ir a un gran evento musical: Ponte a la tarea de ir a un gran festival de música como un Tomorrowland, Coachella, Lollapalooza, etc. O también poder ir al concierto de tu cantante favorito o de una famosa banda. Cualquier evento de estos que escojas, dividirá tu vida en dos.
3. Conocer otro país: Poder estar frente a otra cultura, expuesto a un nuevo idioma o a otra moneda, lejos de tu familia. Sin duda te pondrá a prueba; ya que ayudará a sensibilizarte culturalmente, abrirá tu mente y cuando regreses a tu país de origen mirarás todo con otros ojos.
4. Sembrar un árbol o participar en una jornada ecológica: ¿Te has puesto a pensar en el daño que a diario le haces al medio ambiente? Una buena forma de recompensarlo es sembrando arboles para forestar zonas en riesgo o ¿qué te parecería ayudar a recolectar basura que se encuentre contaminando una laguna o una playa? Cada granito de arena que podamos aportar para preservar nuestro planeta cuenta.
5. Adoptar una mascota: Ya sea un perro, un pez o un loro. Acoger a los que no pueden hablar es sin duda una experiencia que puede darle un giro a tu forma de querer. Además te preparará si en un futuro deseas ser padre.
6. Tener un amor de Verano: Fácil y sencillo. Darse la oportunidad de vivir un amor intenso, de esos que sólo pasan por días u horas, aventuras de una noche o fin de semana.
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7. Quédate toda una noche bailando hasta el amanecer: Ir a un lugar donde puedas bailar la música que te gusta, a tu ritmo, con tus ojos cerrados, hasta que tus pies no puedan sostenerte más y que el sol te dé la señal de que toca parar.
8. Hacer una obra altruista: Ayudar a aquellos a los que la vida no les ha sonreído mucho puede ayudarte a poner los pies en la tierra. Organizar una obra benéfica o ser voluntario en una fundación, puede ser una forma de agradecerle al destino por las cosas que te ha dado. Sin duda esto te hará feliz.
9. Tomar como si no hubiese un mañana: Todos tenemos que pasar por una noche donde se nos vaya la mano con el trago, como dirían por ahí: “Donde se nos borre el casete”. Aunque al día siguiente nos toque vivir la resaca de nuestra vida.
10. Gastarte todos tus ahorros en algo que siempre habías querido tener: Es de gran satisfacción poder comprar eso que siempre habías querido tener, sin importar que te gastes todos tus ahorros. Y ante todo no tener ningún tipo de remordimiento, aunque toque por una buena temporada comer el cereal con agua.
11. Irte de camping a un lugar inhóspito: Vivir la experiencia de no tener ninguna comodidad, en donde te puedas desconectar de tu mundo y en ese lugar tener un contacto directo con la naturaleza para renovar tu espíritu.
12. Nadar con delfines: No sólo por la foto del beso con el delfín. Sino por tener contacto con uno de los animales más sorprendentes que existen. Sentir su suave piel y poder dejarse pasear sobre su aleta dorsal. Es una experiencia que disfrutarás al máximo.
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13. Irte de viajes con tu grupo de amigos: Planear un viaje a un lugar exótico e ir con tus mejores amigos puede ser algo mágico y del cual saldrán muchas anécdotas para contar.
14. Tirarte de un paracaídas o montarte en una montaña rusa: Poner tu corazón al límite de velocidad y hacer que tu adrenalina se incremente a niveles exorbitantes. Y sobretodo poder ufanarse de haberlo hecho.
15. Hospedarse en un hotel lujoso y en uno económico: Vivir las dos experiencias de tenerlo todo y de tener lo básico. Es una lección de humildad te enseñará a valorar cuando lo tienes todo o cuando tienes poco.
16. Tener una aventura sexual loca: Tener sexo por horas, con un(a) desconocido(a), en la calle, hacer un trío, orgía, intercambio swinger e incluso tener una experiencia bisexual. Son de esas cosas que le dan vida al dicho que dice que: “El que se ríe solo, de sus picardias se acuerda”.
17. Leer un libro o escribir uno: No es leer el libro que te mandaron en la universidad o el colegio. Es poder dejar volar tu mente con una obra que tú mismo hayas escogido, leer una serie completa. Esto podría darte interesantes temas de conversación, al igual que mejorar tu ortografía. ¿Y qué tal si tomas el reto de escribir uno?
18. Aprender a cocinar un plato exquisito: La cocina no es el fuerte de todos, pero ¿Qué tal si organizas una cena e impresionas a tus amigos o tu pareja preparándoles algo que los haga chuparse los dedos?
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19. Competir en un evento deportivo: Ponerte a prueba en un maratón, triatlón, carrera ciclcistica o campeonato de “X” deporte; en donde tengas que prepararte física y mentalmente, dando todo de ti. Y así poder probar lo que se siente perder o ganar.
20. Tomar un curso de algo que siempre hayas querido hacer: Qué rico puede ser practicar algo nuevo o algo que hayas querido hacer. Tomar un curso de pintura, cocina, cerámica, etc… Puede darle mayor sentido a tus días cuando tengas tiempo libre.
21. Hacer una gran fiesta en tu casa: Organizar una gran fiesta sea cual sea el motivo, pero que sea una fiesta épica y tú el anfitrión. Donde estén tus invitados, los invitados de tus invitados y los invitados de los invitados de tus invitados. Y que sea diversión pura.
22. Ir a un restaurante barra libre: ¿Has soñado alguna vez en comer todo lo que quieras, sin ni siquiera pensar en la dieta o en la cuenta; hasta el punto en que digas no puedo más? Ir a un restaurante todo incluido es la mejor forma de cumplirlo.
23. Bucear o hacer snorkeling: Podemos ir a la playa y quizás mirar el horizonte… Pero uno no alcanza a dimensionar el mundo sorprendente que existe debajo del agua. Practicar una de estas actividades es de las experiencias que valen el dinero que uno tenga que pagar.
24. Ir en un carro o motocicleta por una carretera a alta velocidad: Sentir el aire que golpea tu rostro, sentir que todo pasa tan rápido a tu alrededor y que tu vida puede pender de un hilo. Esta es otra forma de poner a prueba tu adrenalina y colocar tus miedos al límite.
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25. Cantar en un karaoke: Cantar a todo pulmón la canción que te gusta delante de todos, sin pena alguna o temor a que se te salgan los gallos.
26. Ir a relajarse a un spa, sauna o jacussi: Todos nos merecemos consentirnos alguna vez. Ademas asistir a un sitio de estos no sólo nos trae beneficios físicos, también emocionales.
27. Practicar un deporte: Es fácil poder estar todo el día frente al Tv o el Pc. Pero practicar un deporte no sólo requiere de tu esfuerzo físico, también de tu disciplina. Esto te ayudará a tomar responsabilidades conforme vayas exigiéndote mejoras en el deporte que escojas. Además los beneficios físicos son innegables.
28. Ir a un gran evento deportivo: Nada mejor que vivir la experiencia de asistir a un mundial de fútbol, Super Bowl o unos Juegos Olímpicos. También poder ir a apoyar a tu equipo en un partido crucial y desde la tribuna corear, lamentarte y hasta celebrar con todos los que te rodean hasta quedarte sin voz.
29. Experimentar con tu cabello: Ten un cambio de look que llame la atención de todos. Probar en alguna ocasión con una rapada completa o un color de pelo fuera de lo común.
30. Hazte un tatuaje: Poder celebrar los 30 plasmando en tu piel algo que lo signifique todo y que por el resto de tu existencia te recuerde esta gran etapa de tu vida.
No todo lo anterior debes hacerlo para sentirte pleno al llegar a los 30. Lo más importante en la vida cuando se llega a esta edad es vivir y dejar vivir. Todos cambiamos en algún momento. Nunca seremos las mismas personas que éramos hace cinco años; tal vez, ni siquiera somos igual que hace cinco días. Si no abrimos nuestra mente, no podemos pasar a la siguiente etapa de nuestra vida. Y debemos saber que existe una enorme diferencia entre cambiar y crecer como personas.

¿CÓMO SOBREVIVIR EN EL 2050?


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Foto: Tomada por el autor – Archivo personal.
Si queremos sobrevivir en el 2050, debemos volvernos veganos y ser amables con el planeta. Esta conclusión es defendida por Karl-Heinz y sus colegas del Institute of Social Ecology [2] por medio del análisis de 500 escenarios hipotéticos en donde, en dos tercios de estos casos, los seres humanos suplen la demanda de alimentos por medio de la siembra de productos que pueden proporcionar los mismos nutrientes que una dieta que contenga elementos de origen animal. Lo interesante de esta investigación es que se lograría garantizar el alimento de las generaciones futuras sin talar un árbol más. Es decir, usando las tierras que actualmente están destinadas al sector agropecuario (tres cuartas partes de la tierra firme libre de hielo).
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Foto: Tomada por el autor – Archivo personal.
Los beneficios de esta forma de producción de alimentos son muchos: se evitaría la deforestación de más zonas de bosques en el planeta; las emisiones de gases de efecto invernadero se verían reducidas notoriamente dado que, según la investigación de Robert Goodland y Jeff Anhang[3], el 51% de dichas emisiones proviene del sector ganadero y sus productos; y se ahorrarían millones de litros de agua que actualmente son utilizados para la producción de carne, como lo muestra el estudio de The Pacific Institute.[4]
Lastimosamente no pasa de ser idealista el pensar que todos dejaremos de consumir carne y productos de origen animal de la noche a la mañana. Más aún cuando la producción de carne muestra una tendencia creciente, llegando a 318,7 millones de toneladas al año -según la FAO, un consumo per cápita de 43,1 kilos anuales[5].
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Foto: Tomada por el autor – Archivo personal.
La invitación, abierta a todos los tipos de consumidores, desde carnívoros hasta ovolactovegetarianos, es a bajarle al consumo de cualquier producto animal, por lo menos un par de veces a la semana, así sea por simple curiosidad. No es tan costoso como se cree, ni tan desagradable como lo pintan (muchos consideran que es sólo comer ensaladas y sopas) y ni tan difícil como se piensa. Algo muy importante: no sólo los restaurantes veganos ofrecen estas deliciosas alternativas, hay muchos restaurantes que se abrieron a la idea de ofrecer a sus clientes opciones libres de productos de origen animal -basta con mirar toda la carta o preguntar.
En tiendas especializadas, los productos de origen vegetal compiten en precio y calidad con los de origen animal (productos a base de soya o quinua, por ejemplo, a precios por libra inferiores a $15.000). En restaurantes hay variedad de precios y platos: almuerzos corrientes en precios inferiores a $12.000 (Soy Vida) y platos a la carta (Caballete & Berenjena, Taj Mahal, Agraz, Matiz, Ajonjolí, Cocina Sana Gourmet, Quinua y Amaranto, etc.). Los sabores son variados y exploran todo tipo de cocina. Sin duda un plan que podrían intentar. Vale la pena.